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La
rueda era un mecanismo de relojería
y como tal había que darle cuerda.
Si se perdía la llave para dar la cuerda
durante el combate, el arma tampoco servía
más.
Así
se invento el sistema llamado "de chispa",
en donde un martillo en forma de "S",
que tenía la piedra de ágata
fijada en él, era montado con la mano
y al presionar el gatillo del arma, el martillo
chocaba contra una placa de acero produciendo
gran cantidad de chispas que lograban el objetivo
propuesto.
A
pesar de lo ingenioso de este sistema, la
lluvia y el viento continuaban siendo enemigos
de las armas de fuego hasta que, a principios
del 1800, se inventa un sistema denominado
"de percusión" que consistía
en el mismo sistema anterior pero, en vez
de piedra, el martilo sólo percutaba
una cápsula fulminante colocada a tal
efecto sobre una saliente del cañón
llamda: chimenea.
Si
la cápsula se mojaba, se podía
quitar y colocar una nueva en la chimenea.
Esta cápsula es similar a la que se
usan en algunos revólveres de juguete
pero, en vez de ser de latón, es de
plástico.
Las
primeras armas tenían el cañón
liso, igual que el de las escopetas. El proyectil,
generalmente con forma de bola, no quedaba
estabilizado en vuelo perdiendo precisión.
La ciencia balística evoluciona siglo
tras siglo y descubre el principio giroscópico:
si se le da a la bala un movimiento rotatorio
alrededor de su eje, se estabiliza en vuelo
y puede realizar una trayectoria más
o menos precisa.
Así
surgen los cañones estriados. Los armeros
no tardaron mucho en darse cuenta que el cañón
estriado estabilizaba mejor un proyectil de
forma cónica que uno esférico,
por lo cual, las balas evolucionaron hasta
lo que se conoce con el nombre de bala Minié
y luego maxi-bala. En este último caso,
la precisión alcanzada es similar a
la de cualquier arma moderna.
El
tirador puede elegir el modelo que más
le guste, pues, dispone actualmente de copias
de todas las armas alguna vez fabricadas:
revólveres de percusión iguales
a los de las guerras de Secesión de
los Estados Unidos, pistolas de duelo, fusiles,
arcabuces y escopetas, con sistemas de encendido
a mecha, chispa, percusión y rueda,
con cañones lisos y estriados. Las
réplicas son de calidad variada y cuanto
más esmerada sea su construcción,
mayor será su precio, aunque, en general,
no son más caras que un arma común.
Lo
más atractivo del tiro de avancarga
es su gran versatilidad y simpleza de carga.
Supongamos que elige un fusil de avancarga
calibre .50 modelo Hawken con encendido por
"percusión", de aspecto muy
similar al que usaba el famoso héroe
de la serie Daniel Boone. Esta es un arma
ideal para los que recién se inician.
El
cañón se separa fácilmente
de la culata con un solo pasador, facilitando
el transporte y la limpieza. En general, el
fusil al tener el cañón más
largo que un arma corta beneficia grandemente
el quemado de la pólvora, extrayendo
todo su potencial.
Si
tiene miras regulables, mejor, aunque los
más tradicionalistas protesten. Sólo
necesita 3 insumos: fulminantes, proyectiles
y pólvora. La pólvora negra,
se produce en Argentina, en la ciudad de Rafaela
(Santa Fe). Los proyectiles esféricos
o cóncos pueden adquirirse, al igual
que los fulminantes, en cualquier armería
que venda armas de avancarga.
Debe
agregar: una tolva plástica para contener
la pólvora y una dosificadora para
graduar cuánta pólvora colocar
en cada tiro, un iniciador de madera para
meter la bala dentro del cañón,
paños de tela de algodón y solvente
especial para pólvora negra. No se
pueden usar solventes o lubricantes derivados
del petróleo: producen una reacción
química adversa durante la combustión
de la pólvora fijando una capa asfáltica
en las paredes internas del cañón.
La baqueta acompaña al fusil.
En
el polígono debe verificar que el cañón
esté libre de obstrucciones, coloque
un fulminante y dispare al piso, si vuela
polvo, el circuito está limpio. Se
regula la dosificadora a 40 grains, se vuelca
dentro la pólvora desde la tolva hasta
que la medida quede al ras, se introduce la
pólvora dentrol del cañón.
Si se usa maxi-bala, se coloca a mano dentro
del cañón, se empuja con el
iniciador de madera unos 15 cm más,
y luego, con la baqueta, se lleva hasta el
fondo, presionando con fuerza.
Este
proceso no entraña riesgo alguno dado
que la baqueta empuja el proyectil que es
de plomo puro, muy blando.
Se
toma el fusil y apuntando hacia un lugar seguro
se monta el martillo y colca el fulminante
en la chimenea. El arma está lista
para disparar. Apuntamos y fuego!!! Más
de 300 grains de plomo volando a casi 400
metros por segundo impactan sobre el blanco.
Para
cazar lo aconsejable es duplicar la carga
y aumentar el peso de la punta a 460 grains,
la energía es semejante a un 45-70
Government o a un .444 Marlin capaz de abatir
hasta un ciervo colorado mediano a una distancia
de 100 a 130 metros.
La
carga de un nuevo disparo es rápida:
se coloca la pólvora, la punta, el
fulminante y listo, nuevamente el arma está
lista para disparar.
Cada
10 o 12 tiros debe pasarse el solvente para
limpiar el cañón, bastan 4 o
5 paños embebidos en un buen solvente
para dejar el arma en óptimo estado.
El emplome del cañón es prácticamente
inexistente.
Varias
marcas se comercializan actualmente en nuestro
país, todas manufacturas de excelente
calidad con aceros modernos y terminaciones
impecables: Ardesa de España, Pedersoli
y Pietta de Italia y Thompson-Center de los
Estados Unidos.
El
tiro de avancarga se puede practicar en cualquier
polígono y no existe ninguna restricción
legal para practicar la caza mayor y menor
con armas de este tipo.
Por
considerarse armas históricas no deben
registrarse ante el Registro Nacional de Armas
(RENAR), aunque siempre es aconsejable ir
munido de la factura de compra cuando deba
trasladarse al polígono o al campo.
Las
armas de avancarga no son para aquellos que
piensan que todo el tiro consisten en vaciar
un cargador en 4 segundos, ni tampoco para
los que gustan de cazar disparando a 250 metros
de distancia quitándole toda emoción
a la jornada. Es para los que consideran que
en cada cosa que hacen debe estar su sello
personal y único...así es la
avancarga.

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