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LIMPIEZA
DE LAS VAINAS
Norberto K
Sin ánimo de generar polémicas
a favor de uno ú otro método
de limpieza de vainas metálicas, me
limitaré a mencionar los más
frecuentes que se han utilizado - y aún
algunos utilizan- hasta llegar al moderno
sistema de limpieza por vibración.
En primer lugar se destaca que si se emplean
solventes, ácidos ó alcalinos
enérgicos, se debe realizar la tarea
en ambientes ventilados, con protección
visual y de las manos, procediendo posteriormente
a neutralizar la acción del agente
químico empleado.
Los
más comunes son aquellos en base a
solventes enérgicos como el tetracloruro
de carbono líquido, pero que si bien
es efectivo, hay que manejar con cuidado ya
que sus vapores tienen cierta toxicidad por
vía inhalatoria.
Otros, con iguales, mejores o parecidos resultados
han utilizado el ácido acético
(vinagre blanco común) aunque se pueden
adquirir en droguerías y diluirlo al
25% en agua.
Si se eleva a 60 grados de temperatura, su
acción se potencia.
Otros han apelado al uso del fenol (conocido
como "Acaroina ó Fluido Manchester"
en décadas pasadas) en sus diversas
formas y hasta el líquido limpiacarburadores
"Carbulimp"; siendo éste
altamente lesivo para la piel por su elevado
contenido en fenoles.
Este último es altamente efectivo,
pero requiere luego un intenso lavado con
agua, naftas y nuevamente agua para recién
estar en condiciones de ser utilizado; previo
secado.
Otros han utilizado el amoníaco líquido
(cuidado extremo con la vista y con inhalar
vapores !!!!) muy eficaz también pero
con los inconvenientes propios de su manipulación.
A esta lista se puede agregar el ácido
fosfórico, el clorhídrico (antes
muriático) diluídos al 15% en
agua, los que luego de actuar unos 15 minutos
sobre las vainas, obligan a realizar un lavado
a fondo con agua, neutralizarlo con una solución
de bicarbonato y
posterior secado.
Siguiendo
con los ácidos, mencionamos el ácido
sulfúrico que diluido al 15 % en agua
corriente da excelentes resultados en 10 minutos.
No levanta el brillo pero sí realiza
una limpieza profunda.
Entiéndase que esta limpieza no debilita
el metal pues no "corroe" sus paredes,
ya que su acción es solo superficial.
Como de costumbre todos estos baños
a cierta temperatura potencian sus efectos
y siempre deben ser neutralizados con un lavado
alcalino como lo mencionara anteriormente.
Otros metalúrgicos (recargadores o
personas que utilizan bronce o latón)
han apelado al lavado con los modernos jabones
detergentes de baja espuma y colocando las
vainas en bolsas de red, los sumergen en el
lavarropas con un ciclo de lavado completo.
Yo no lo he probado, pero aseguran excelentes
resultados.
Es probable que queden elementos o sustancias
de limpieza por mencionar, pero solamente
me limito a enumerar los más comunes.
Pasemos ahora al conocido método de
limpieza (muy levemente abrasiva) por medios
mecánicos.
En general la idea surgió de los grandes
industriales que fabricando objetos de latón
y/o bronce requerían trabajos de limpieza
con gran producción y pulido a bajo
costo. Para ello idearon sistemas de vibración
por percusión, otros de vibración
directa a 50 ciclos por segundo (tomado del
funcionamiento del antiguo timbre) utilizando
la corriente alterna.
Un
ejemplo de ello son los vibradores que utilizan
los odontólogos en sus consultorios
cuando toman una impresión que luego
debe terminar en un perno o corona. Colocan
el yeso en un recipiente apoyado sobre una
base que vibra aplicando mismo el principio
de funcionamiento, logrando con este procedimiento
que el yeso se deslice y cubra todas las irregularidades
de las piezas a reproducir.
Otro ejemplo: los aireadores eléctricos
para pequeñas peceras domésticas.
En
la industria se utiliza este sistema para
la terminación y pulido - por ejemplo-
de las canillas metálicas de bronce
ó piezas confeccionadas con este metal.
El
grado de abrasión lo da el material
utilizado, en general granallas de cerámica
(lentejas) que es más abrasiva. La
granalla de porcelana la utilizan para dar
brillo, juntamente con una sustancia detergente
de baja espuma en pequeñas cantidades.
El movimiento levemente excéntrico
de la batea produce dos movimientos diferentes
al mismo tiempo:
Uno de ellos los hace girar en forma circular,
mientras que el segundo en un movimiento helicoidal,
sumerge el material a tratar y luego lo hace
emerger a la superficie en un continuo rozamiento
con el abrasivo.
Para
el caso de las vainas, el principio y el modelo
es el mismo, sólo cambian las dimensiones
en forma proporcional.
Otro sistema es el de la batea giratoria (con
resaltos interiores similiar al de los lavarropas),
con su eje mayor dispuesto en sentido horizontal
al que se le aplica solamente el movimiento
de rotación y utilizando también
la granalla correspondiente.
Actualmente en los sistemas de limpieza de
vainas por vibración se utiliza como
abrasivo el marlo finamente molido. Algunos
les adicionan una cucharadita de un conocido
desengrasante (Cif) y lo hacen funcionar unos
minutos para que impregne el marlo.
Produce una limpieza por el mismo principio
con una tan suave acción abrasiva que
en realidad pule y levanta el brillo de las
vainas.
Otros utilizan arroz partido, cáscaras
de nueces finamente molidos, el conocido Odex
en polvo con amoníaco, etc. etc.
Pero veamos ahora para aquellos que les interese
confeccionar sus propias herramientas de trabajo
cómo hacerse de un sistema de limpieza
por vibración.
En
primer lugar es necesario obtener un motor
de funcionamiento asincrónico; es decir
sin carbones ni colector.
Su potencia puede ser de 1/10 HP, debiendo
observar que su armadura (parte externa) disponga
de 3 a 4 pernos que puedan ser reemplazados
por otros mas largos (por ejemplo varilla
roscada); ó bien asegure de alguna
forma la sujeción con 3 a 4 varillas
roscadas.

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